Don Lucho & don ignacio

La cocina del futuro se masca en los huariques

In Don Ignacio, donde se come on Septiembre 29, 2008 at 12:01 am

Ignacio Medina

 

Son los últimos días de estancia en Lima, he escapado de la férrea agenda que me organizan en Cosas y me he arrancado a una gira frenética, casi instantánea, por algunos huariques que frecuento de cuando en cuando. Es un visto y no visto. Llegar, pedir un plato, beber un trago y marchar al encuentro del siguiente. Un viaje fantástico, inquietante y casi mágico a las mismas raíces de la cocina popular que se prolonga durante dos días. Me asomo al primero mediada la mañana y voy de taxi en taxi, de mesa en mesa, emborrizándome hasta las orejas en sabores y sensaciones que no podré olvidar.

Las del cuy crujiente, terso y delicado de El Tarwi, por ejemplo. Un monumento que se sirve por raciones enteras, medias o cuartos. Antes hubo tiempo de sumergirse en el sabor ancestral del cebiche de concha negra de La Paisana y de poner la boca a bailar con el chirimpico de Don Fernando.

Pasé por casa de Javier Wong con la buena fortuna de encontrarle en plena faena en el patio mientras prepara un lenguado con verduritas chinas y pecanas, rodeando el wok con esas llaman que parecen salirle de las manos.

Hice un parón, extasiado ante el espectáculo de sabor y sonido –hay comidas, como el chicharrón, que tienen el don de hablar cuando llegan a la boca- de los chicharrones de huevera de Oh Calamar.

No sé si eso fue antes o después de pasar por El Villano, donde volví al cebiche de concha negra –no sé que tiene la concha negra que nunca me cansa- y de asomarme, apenas en un suspiro, al cebiche de mero de La Red. Esta casa ha dejado de ser un huarique para convertirse en un restaurante hecho y derecho, pero me gusta mantener las costumbres.

Me quedó la tristeza de no encontrar sitio en el comedor de Pedro Solari, en esa mesa que hace esquina con Cahuilde y Pachacutec, donde se alumbró hace ya 50 años el primer cebiche moderno del Perú, preparado sobre la marcha para reducir al mínimo el contacto del pescado con el jugo de limón.

En la Taberna Queirolo fui víctima de las dudas y puesto a elegir entre el sanguche de jamón y las patitas de cerdo, me quedé con las dos. Un día es un día. Me faltaba un chicharrón y lo encontré en Don Lucho.

Eso debió ser el segundo día; recuerdo que antes pasé por Illari, la versión más actual del huarique, en la Avenida Grau de Barranco, para volver a entender los secretos de su causa frita.

Pudo ser en ese momento o en otro cuando perdí la conciencia porque apenas recuerdo lo que siguió. Por suerte mantuve la cordura y me dejé arrastrar por el rastro de olor que despliegan los anticuchos de Doña Grimanesa hasta el cruce de Enrique Palacios con 27 de noviembre, en Miraflores, donde hace 34 años que esta mujer transforma cada anticucho en un milagro administrado en porciones. Me fascinan los anticuchos. Sobre todo por ese sabor racial, bravo y directo que te llega directamente a la conciencia y despierta los instintos más escondidos.

Podría seguir, porque he visto otros, pero me bastan para entender que tras estos negocios oscuros, a menudo ocultos, siempre humildes y sencillos se esconde el secreto de la cocina del futuro. Puede parecer un contrasentido pero debemos entender que no hay vanguardias sin tradición y este tipo de negocios son, precisamente, los que mantienen vivas la memoria de todas las cocinas del Perú.

Adorados por unos, desconocidos para la mayoría, son el mayor tesoro de la cocina peruana Los huecos se me antojan como una especie de reserva natural dedicada a la protección de los sabores de la cocina popular. En ellos también se masca la cocina del futuro. Aquí se guardan las raíces que deberán administrar los cocineros del mañana. No importa el camino que elijan; ninguna cocina es posible sin raíces. Ni siquiera la más creativa. Y en estos pequeños comedores las encontrarán todas.

  1. Hola
    Me encanta lo que escribe, pero debo discrepar profundamente…. estos restaurantes que menciona en su articulo distan mucho de ser huariques.
    Entendiendo al hiuarique como al restaurate donde se come bien y a bajo precio.
    Huqrique es aquel donde cocina la tia juana que hace una sopa de gallina espectacular, o donde el popular bigote que tiene en chifa que no deja de envidiar al chifas mas pintado. O por ultimo, donde Alfonso que hace el cebiche de conchas negras mas rico que probe y no cuesta tan caro.

    Bueno es mi parecer, saludos y Dios le bendiga.

    Ivan

  2. Gracias por su comentario, Iván. Yo no me planteo cuestiones de precio con el huarique, aunque entiendo que siempre están muy por debajo de lo que cobran por el mismo plato (igual calidad de producto y similar resultado) en otro tipo de establecimientos. En cualquier caso, en la lista hay más de esos restaurantes baratos que de los otros. De hecho, salvo en el caso de Javier Wong y Pedro Solari, el resto proporcionan facturas más que contenidas. Ayer mismo pasé por El Tarwi: medio cui con papas, una cerveza, un agua… 12 soles. Así son esas facturas, que creo suficientemente bajas. Sin embargo, el huarique es, desde mi punto de vista, uno de esos conceptos que diferencia la cocina peruana de las del resto de la región: local humilde, servicio tan elemental como la propuesta culinaria, que se reduce a un puñado de platos. Sólo es mi punto de vista.

  3. [...] y despierta los instintos más escondidos”, dice en el blog sin recetas. Directo al corazón. http://sinrecetas.wordpress.com/2008/09/29/la-cocina-del-futuro-se-masca-en-los-huariques/ Categorias : Platos y [...]